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TABOGA
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El pasado viernes 29 asistí al BUSCÓN en el Trasnocho Cultural, a una de esas gratas sesiones que organiza Katyna Henríquez para presentar un libro. Se trataba de CERRO GRANDE, Memorias de Caracas, en los años ’50 – ´60, de Leoncio Barrios, con presencia del autor. Se estableció una modalidad nueva, Leoncio compartió un coloquio delicioso con Eritza Liendo, periodista y profesora, que se prolongó por largo rato y el público, extasiado y sonriente, asentía con la cabeza los recuentos.
CERRO GRANDE es un libro cuyo título coincide con el nombre del primer superbloque construido en Venezuela, en El Valle, durante la dictadura de Pérez Jiménez. Diseñado por el arquitecto Guido Bermúdez, es su tesis de grado con tutoría de Carlos Raúl Villanueva, éste, discípulo a su vez del arquitecto Le Corbusier. Es de características arquitectónicas muy avanzadas, estéticas, y novedosas para su momento, tal como la planta baja totalmente libre para la recreación de los habitantes. A CERRO GRANDE se mudó la familia del niño Leoncio y, junto al grupo de vecinos que inauguraron esa vivienda vertical, usaron por primera vez un ascensor. Ubicado en lo que hoy es la Avenida Intercomunal del Valle, en aquella Caracas bucólica, era una zona cuasi rural, desde los pisos altos del edificio se veían sembradíos de flores y en las calles, además de carros, también pasaban caballos y carretas. Así lo contó Leoncio. La presentación de CERRO GRANDE estuvo llena de muchas pequeñas historias que están narradas en el libro. Este constituye, a la vez, un hilvanar del proceso de modernización de Caracas.
Y ahora mis recuerdos paralelos: Yo viví en El Paraíso, cerca de la redoma de La Vega y en mis primeras memorias de niña, alrededor del ’45, están los terrenos sembrados de la Hacienda La Vega, allí veía hombres arar el campo con yuntas de bueyes -"los chinos", decían-, mientras mi delicia era comprar unos heladitos Cruz Blanca, al carrito rojo del heladero quien tocaba un triángulo metálico, antecesor de las campanitas. Era el suroeste de Caracas. Luego nos mudamos al este y recuerdo que a inicios de los ’50 visitaba a mi mejor amiga de primaria en lo que hoy es la urbanización Santa Eduvigis, no era una hacienda, que lo había sido, había ya algunas quintas y para llegar a su casa se subía por un camino de tierra flanqueado por ambos lados de gladiolas, que por cierto surtían a la floristería más afamada de la Caracas de entonces, La Flor de Nácar.
Eritza no solamente le hizo preguntas a Leoncio, ella, a su vez, aportó mucho, ¡tiene tanto que decir! Con el rico verbo que la caracteriza, entre ambos, comentarios iban y venían, y paseando de uno a otro tópico lograron un coloquio que colmó el rato transcurrido. En mí despertó un enorme interés por conocer todo sobre CERRO GRANDE, su arquitectura, el símbolo que es en la modernización de Venezuela y las iniciales viviendas multifamiliares que pocos años más tarde conformaron la propiedad horizontal. Caracas, con la migración del campo a la ciudad, pasó a ser la gran urbe en la que se convirtió y ¡en la que muy pocos niños tienen idea de lo que es una yunta de bueyes arando el campo!
María Cristina Capriles
Lunes 1 de septiembre, 2025.