La Industria Textil y Las Telas de Algodón
4 de marzo de 1991La Carretilla Roja
6 de enero de 1992Colón buscaba la riqueza del Oriente, las especies. Para él la tierra era redonda, llegaría a la India navegando al Poniente… y llegó a la América desconocida. Sacó oro y perlas para el Rey y de allí en adelante no sólo España, toda Europa se enriqueció por América. Piedras preciosas, almas para la iglesia, productos agrícolas, café y cacao; vírgenes, caucho y balatá; y se suma la exportación de diversas materias primas. Llega el petróleo y con éste gringos, ingleses y holandeses. En Venezuela se abandonan los campos agrícolas, se produce migración a los petroleros. Las nuevas especies de la segunda mitad del siglo XX fueron la marihuana y la coca. Los narcotraficantes se hacen poderosos y comienza su persecución. Han dañado y dañan la salud de millones de seres humanos. Es una nueva lucha. Finaliza el siglo con la deuda externa, el último flujo del oro americano. Toda ruta tiene dos vías: la dirección de ida y la de venida. Es la hora del retorno, de planificar que la riqueza, el oro, vuelva a sus orígenes.
Colón busca las especies que estaban en el Este por la ruta del Oeste, ya que según él la tierra era redonda. Por eso lo tildaron de loco. Encuentra el oro y las perlas. No las especies ni la seda. Pero la riqueza y el poder que le dio a España nunca habían tenido igual en el mundo.
España se posesiona de los tesoros incas, mayas y chibchas. Se sueña con El Dorado y se organizan nuevas expediciones cual las Cruzadas, no para rescatar el Santo Sepulcro sino por apoderarse del oro de los indios americanos. En el camino hay piedras preciosas. Se conquista y se coloniza. La Iglesia Católica se convierte en la conquistadora y colonizadora de las almas. Los repartimientos y encomiendas otorgados son el origen de las grandes haciendas de café y de cacao. Los "grandes cacaos" exportan el sabroso chocolate que cual las especies entra por los puertos de Europa.
América va produciendo sus "señores", los "Don", también dueños de minas y tierras. Trescientos años después del descubrimiento estos criollos querrán la independencia... ¿politica?... ¿económica?... Mientras tanto la Iglesia fue construyendo los mas maravillosos templos como los de Quito, con altares todos recubiertos por hojilla de oro. La pintura, la escultura, la arquitectura y el mobiliario español hicieron simbiosis con lo autóctono americano y se dieron las manifestaciones artísticas criollas, similares en todos los virreinatos, presidencias y capitanias generales. España y sus colonias... aquello todo parecía eterno, como Dios... "En mi Imperio no se pone el sol " decía Carlos V.
La Independencia trajo la devastación de tierras y pueblos, las pestes, y "hasta los terremotos", afirmaban ciertos clérigos... pero siempre hay el reverdecer... Las exportaciones de materias primas y de productos agropecuarios produjeron divisas, para algunos, como sucedió en Río Negro con las explotaciones de caucho y también del balatá...y así hasta que brotó el petróleo. Este oro negro cambió el rumbo cuasi medieval, sosegado, de los campos y ciudades y creó nuevos polos de atracción para grupos extranjeros: gringos, ingleses, holandeses, y también para muchos venezolanos que atraídos por los mejores mejores s salarios y condiciones de vida en los campos petroleros, migraron internamente para perforar la tierra y dejaron de sembrar.
Las nuevas especies de la segunda mitad del siglo XX son la marihuana y la coca. En Colombia, Ecuador y sobre todo en Bolivia se desarrollan los sembradios. Surge un nuevo mercado subterráneo del cual al principio no es conocida su ruta, mueve miríadas en dólares ¿oro? clandestinamente. Los traficantes se entronizan en escondidas mansiones milyunochescas, su poder se acrecienta solapadamente. Siembran el daño cuasi irreversible en la salud y las vidas de hoy ya dos generaciones. Su persecución se torna, cual en guerra civil, fratricida pero necesaria.
A la América, el continente fascinante con todas las riquezas, no hay que darle mas educación que la indispensable para extraer mejor su savia. Sus jugos son en cada época diversos, evolucionan siempre como la vida al paso del tiempo, mientras renovados hombres desentrañan otros oros y les diseñan sus rutas.
La deuda externa es el último flujo del oro americano, todas las naciones de Latinoamérica sumidas por el yugo del pago de los intereses acrecentados en la misma proporción que aumenta el valor del dólar. Los nuevos amos son organismos internacionales, se llaman Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional.
Toda ruta tiene dos direcciones: ida y venida. Han transcurrido quinientos años durante los cuales sólo una ha sido la transitada por los oros de América: la de ida, su salida. Debe darse el tiempo del reflujo, del regreso, tomarse la de venida, la entrada. El joven continente tiene conciencia. La ruta del oro, los oros de América, es historia, es cultura y es también una reflexión que posibilite lograr el obligante retorno de la riqueza a sus orígenes.
Fuente: Periódico El Mundo. Pág. 5
10 de diciembre de 1999
