Nosotros y la Humanidad
16 de marzo de 1989La Entrevista de Hoy
19 de marzo de 1990Este articulo inicia con la conmemoración de los 36 años del comienzo de la Tv en Venezuela, hace una reflexión frente a la programación expuesta y su influencia en el proceso aprendizaje del público infantil, toma el tema de la violencia escenificada en los programas transmitidos y finaliza tejiendo la importancia de colocar el tema en la misma balanza de prohibición de publicidad de cigarrillos y bebidas alcohólicas.
“Se ha creado un habito social que convirtió a la TV en un instrumento de violencia, hoy cada vez más reiterado y al lenguaje televisivo, es violento “per se”. Pero la Tv es realmente un medio instrumental a ser utilizado para transmitir mensajes, cualquiera que sea su contenido”.
La TV comienza en Venezuela en 1953. Hoy cumplió 36 años. Pocos años antes del inicio de la TV era "El Derecho de Nacer", radiono-vela acaparadora de la sintonía nacional, la que hacía furor en el momento. Hoy son las telenovelas y los programas de violencia los que atrapan la atención y la sintonía de lo niños. Los padres intentan, a veces, seleccionar los mensajes que llegan a sus hijos. Pero el hecho de encender un aparato de TV, a cualquier hora del día, es una posibilidad demasiado libre para poder ser controlada por padres que, en el mundo moderno, forman parte de las fuerzas productivas en lares externos al hogar, donde ios niños, solos, esperan su regreso al anochecer o hasta tarde en la noche.
El mensaje televisivo que recibe el niño es una responsabilidad de la sociedad, no puede ser exclusivamente de los padres. El mensaje invade la misma intimidad. La responsabilidad está también en el emisor del mensaje y en quienes, en primera instancia, lo autorizan. Es decir, en las plantas televisoras con antena de trasmisión, en la agencia que ofrece en un programa de violencia el espacio publicitario al anunciante, en éste que decide comprar allí su pauta, y en las empresas productoras que aprueban o solicitan libretos y producen programas, colocando enormes capitales en la elaboración de mensajes violentos, agresivos, deformantes, mensajes destructores de personalidades en ciernes, tiernas, frágiles, aun sin conciencia crítica, los niños.
Un mismo idéntico proceso de producción, programación, publicidad y trasmisión sería válido para la emisión televisiva del otro mensaje, el nuevo "manipulado" hacia la conformación de valores positivos a la sociedad.
El niño, receptor inocente, recibe hoy modelos distorsionados, deshonestos e inauténticos, más violentos que la realidad misma, ya que proporcionalmente se ve más violencia en la televisión que en la calle.
El negocio de la televisión descubrió que la violencia, por ser un hecho social fuerte, llamaba la atención, interesaba, que era aceptada por el público y conformaba audiencia y se sirvió de ello para crear el hábito: doy violencia, el público la recibe, le interesa, aumenta el rating, utilizo este hecho social para seguir dando violencia, y al mensaje publicitario, asegurarle sintonía. La televisión ha degenerado en violencia.
El contenido violento es diverso: homicidio, suicidio, hurto, robo, droga, atraco, secuestro, estafa, implica agresión, delitos que se materializan a través de armas, sangre, explosiones, fuego, detonaciones... Se ven las imágenes y se escuchan los sonidos y ruidos de la violencia, provocadores de emociones violentas ¿Sólo en los personajes?... En su denominador común hay agresividad y crímenes al lado del poder; hay también dolor que pasa como insensible, todo es la violencia misma, salvada por las censuras, pues los finales tienen, muchas veces, compensaciones diversas. Pero: ¿y los niños televidentes?... ¿La trama que observaron?... ¿La imitación de los modelos?... ¿El análisis de esas compensaciones?... ¿Los efectos que se acarrearán?... ¿Eso, se maneja?
Se ha creado un hábito social que convirtió a la TV en instrumento de enseñanza de la violencia, hoy cada vez más reiterativo y al lenguaje televisivo, en violento "per se". Pero la TV es, realmente, un medio instrumental a ser utilizado para transmitir mensajes, cualquiera sean sus contenidos. Está en la voluntad política, puede estar en las conciencias de los miembros de las juntas directivas de las plantas televisoras, el poder de decisión sobre los mensajes que se compran, se producen y se transmiten. Más lejos está también en los publicistas y anunciantes, en los productores y escritores, quienes forman parte de la cadena de producción y programaciones de las televisoras, ya que tanto la producción nacional como la compra de series extranjeras de violencia están enmarcadas en el engranaje del sistema en TV.
Por todo ello, en fin de cuentas, al igual que se decretó prohibir la publicidad de cigarrillos y bebidas alcohólicas, por radio y televisión, es exigible al Estado, el censurar y ordenar erradicar las emisiones violentas, de lesa patria y maestras del crimen, de la televisión. Producir programas propios y adquirir los no violentos, que también se fabrican en diversos países del mundo.
Las generaciones son cortas, nadie es permanente; el mensaje grabado dura, su productor muere; la obra en televisión queda y es un bien negociable. Forma parte de los productos que se ofertan en el mercado. La fabricación de los programas de TV, de los mensajes televisivos, es el negocio resultante de una de las más fuertes industrias de este fin de siglo, y la sociedad es responsable de ellos.
Fuente: Periódico el Nacional Pág. A-4
17 de Noviembre de 1989
