Ponencia Comercialización Cinematográfica. II Congreso ANAC, Asociación Nacional de Autores Cinematográficos
13 de agosto de 1988Niños, TV y Sociedad
17 de noviembre de 1989En este articulo se toca la dinámica de la exposición social del 28 de febrero, la proclamación de un pueblo con hambre que está cansado, toca la responsabilidad de las grandes potencias que en su deseos de mercado no piensa en los excluidos, entre las vías esta el pensar en la humanidad total en hombres de todas las nacionalidades, trabajar y producir para que el dinero fluya entre todos los sectores sociales del país, y finaliza con la Venezuela que patenta dos bandos.
“Los ricos y los pobres, pero nosotros Venezuela, y todas las poblaciones periféricas con situaciones subhumanas, somos realmente los pobres, los ricos, los países industrializados que llevan hoy el timón de la economía mundial”.
Las imágenes de nuestra explosión social recorrieron la noche del martes 28 de febrero todas las ciudades del orbe occidental vía satélite. Públicos televidentes de países industrializados pudieron ver, -¿habrán entendido?-, que ellos también son culpables. La sociedad occidental global es responsable. Con gran fuerza lo es el Centro, el Norte, los países industrializados que nos obligan a mantener en forma permanente una balanza de pagos negativa a los países Periferia, Sur. La reconstrucción de Alemania, el desarrollo industrial de: Japón, los países escandinavos, Inglaterra, Francia, Suiza, Italia y la misma España, Estados Unidos y Canadá, entre otros, lo hemos estado pagando nosotros.
Los países Norte frente a los países Sur, los desarrollados frente a los subdesarrollados. El pago que el Norte viene exigiendo por sus productos: motores, máquinas, alta tecnología, ciencia, no dando nunca el know-how esencial, cobrándose en el PVP que pagamos en todos los países en desarrollo o en vías de desarrollo los beneficios sociales de medicina social, del retiro o la jubilación de sus trabajadores, todas las prerrogativas logradas allá por las poblaciones, además de los altísimos sueldos para los ejecutivos, administradores del sistema, clases medias con niveles de vida dignos, "humanos", con servicios públicos adecuados, con "chomage" como en Francia, donde el trabajador desempleado, tanto del sector público como del privado, recibe una remuneración mensual del Estado francés, todo eso lo estamos pagando nosotros al pagar cada dólar con el cual importamos los productos que ellos fabrican y que nosotros necesitamos para el desarrollo de nuestras sociedades y economías dependientes. Ese mismo nivel lo requerimos acá.
En mi caso particular, pequeña industrial que fabrica libros de cuento para niños y programas de televisión en video, todos los insumos correspondientes al capital fijo que estas industrias requieren, vienen de afuera. Todas las máquinas y sus repuestos son importados. Hasta el procesador de palabras con el cual escribo este artículo procede de allá.
Nuestro pueblo ha clamado por hambre. Su clamor se escuchó por doquier. Y ladrones comunes, infiltrados, aprovechando coyunturalmente la situación para el saqueo, el robo y el vandalismo, encontraron tierra fértil en la angustia social reprimida de nuestros marginales, venezolanos también, sin suficientes hospitales, sin la comida elemental y confrontando gastos de vida galopantes que les impiden la satisfacción primaria de sus necesidades. Cada tiro le gritaba a Venezuela y al mundo que la injusticia social duele y así trascendió nuestras fronteras.
Comprendo los saqueos como un símbolo. El símbolo de la reacción popular, de la desesperación. No son los cuatro objetos, el televisior, o los potes del supermercado que cada individuo podía llevarse entre sus manos. No, es el rugir por el hambre que nuestro pueblo presiente avecinarse con las nuevas medidas económicas y la imposibilidad de cubrir sus necesidades y las de sus hijos. Y los dolientes directos, inmediatos, son otros venezolanos, trabajadores también, que perdieron sus medios de producción, sus vehículos, negocios... y peor aún, vidas de seres queridos.
Ante esta situación veo tres caminos y los presento a la opinión pública. En primer lugar hay que hacer tomar conciencia a la "aldea global", a los Estados todos del planeta tierra y a sus dirigentes, que el concepto de las fronteras y el régimen económico individual, entendiéndose por éste al que se dá dentro de cada Estado soberano, debe ser erradicado. De hoy en adelante hay que pensar en la humanidad total, en los hombres de toda nacionalidad. Lo que ha venido haciendo la UNESCO para la educación, ciencia y cultura hay que organizarlo también para el sistema económico mundial. El Fondo Monetario Internacional tiene que modificar sus parámetros. Está errado. No es que hay que subir los precios de los productos y los salarios en Venezuela, lo que hay que hacer es bajar radicalmente los costos de producción dentro de las fórmulas económicas en los países industrializados, exportadores de bienes de capital. Sus precios de venta, a nuestros países, tienen que ser mas bajos, ¿podrían ser subsidiados por los Estados poderosos? No mas presidentes de multinacionales y sus altos gerentes devengando sueldos millonarios, no, ellos también deben pagar su cuota de sacrificio si quieren que los hombres y los países del Sur, de la periferia, del tercer mundo, puedan seguir comprando sus productos y repuestos y al mismo tiempo vivir dignamente como seres humanos. Esos sueldos también inciden en los precios.
Hace falta que un líder internacional, tal vez lo pueda Carlos Andrés Pérez, haga ver a los gobiernos del mundo desarrollado que son parcialmente culpables de la sangre y la rapiña que se ha visto Venezuela en estos días.
En segundo lugar, lo que veo como solución en Venezuela, nosotros: trabajar, trabajar mucho, producir, desarrollar nuestra agricultura y cría, las industrias básicas, educar, dar salud... promocionar todas las fórmulas posibles para dotar a la población de salud, vivienda, vestido, alimentación y educación. Promover la circulación del dinero entre nosotros, ponerlo a producir y que pase de mano en mano, que todos lo "toquen" y con él satisfagan sus necesidades y pase asimismo a otras manos. Necesitamos circulante en Venezuela, liquidez, que este dinero no se vaya afuera en dólares y lo que tenga que salir, sea lo menos posible. Sabemos que entre nosotros se da la corrupción y se encarecen los productos. Son los "otros ladrones", aquellos a quienes nadie toca. A ellos hay que hacerles sentir el dolor de los demás venezolanos y tienen que cambiar. Su responsabilidad es indispensable y de lo contrario, de continuar la corrupción, imponerles los mas fuertes castigos y su desenmascaramiento público.
Y, en tercer lugar, destaco la necesidad de ese organismo supranacional que ya esbocé, que reglamente la economía social internacional, base de la justicia social para toda la humanidad, donde los países subdesarrollados tengamos, para cada una de las personas que conforman nuestras poblaciones, la garantía de venir al mundo y vivir en él, en "dignidad humana". La humanidad toda es la responsable de los hechos acaecidos en Venezuela, que repiten los antes acaecidos en otras partes.
En Venezuela hoy, internamente, se han patentado dos bandos: los ricos y los pobres. Pero, nosotros, Venezuela y todas las poblaciones periferia con situaciones subhumanas, somos realmente los pobres. Los ricos, los países industrializados que llevan hoy el timón de la economía mundial.
Fuente: Periódico el Nacional Pág. A-4
16 de Marzo de 1989
